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La Beca del Jaime del Amo

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Fotos, expectación, trajes, discursos, misa en la sala de estar. El día de la clausura del curso tiene un color especial en la vida de un Mayor. No es una ceremonia más. Es un momento de celebración de la vida colegial. Del curso que termina y de los colegiales que terminan sus cursos en el Colegio. La beca que reciben ese día marca simbólicamente el paso a un nuevo estado de vida. Hasta ahora han sido colegiales. A partir de este momento termina su vida universitaria y comienza, o está muy cerca, su vida laboral. Se supone que los años pasados en el Colegio han sido la última preparación para la vida, la última etapa de su educación. Han aprendido los contenidos que les facilitarán convertirse en profesionales cualificados. Han asimilado también las habilidades sociales que les permitirán convertirse en miembros activos de la sociedad en que vivimos. A partir de ahora dejarán de ser las crías protegidas de la manada para pasar a ser adultos independientes. Tendrán que buscarse su propio camino en la vida.

Ese paso se simboliza en la ceremonia de la entrega de las becas. La beca y las insignias colegiales son el signo de todo lo vivido y recibido en estos años. Serán el fondo de armario en el que deberán encontrar todo lo necesario para enfrentarse a los retos y desafíos que les esperan en los próximos años. Todo lo aprendido sobre trabajo y compromiso, amistad y convivencia, responsabilidad y libertad... se condensa en esa banda roja que lleva el escudo del Colegio.

Llevarla es un orgullo –el signo de haber pertenecido a la comunidad colegial y, de alguna manera, seguir perteneciendo– y una fuente de responsabilidad. No se puede llevar la beca del Jaime del Amo y luego... El respeto, la dignidad, la responsabilidad, el buen hacer, la tolerancia, la capacidad de diálogo son los adornos que deben caracterizar a los que llevan esa beca.

Quiero felicitar a los 12 colegiales que ayer recibieron la beca y las insignias colegiales. Con ellos celebramos el final de su vidal colegial. Con ellos celebramos el final de un año intensamente vivido. En ellos tendremos unos amigos para siempre. Y, cuando nos encontremos con ellos dentro de algunos años, recordaremos anécdotas y personas pero también sabremos que hay un capital intangible que se lleva en el corazón y que nos ha acompañado en nuestro caminar por los senderos de la vida. Todo eso es un Colegio Mayor. Todo eso es el Jaime del Amo.

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