YouTube
instagram
facebook
(+34) 91 554 08 04 Contacto

Hay que seguir hablando de las novatadas (3)

Versión para impresiónEnviar por emailPDF version

Para que no digan que hablo siempre mal de las novatadas. No todo es malo. De hecho en el último número de la revista del Colegio, el artículo de un colegial subrayaba este aspecto. Hay colegiales que, durante el tiempo que va de la llegada al Colegio en septiembre hasta la fecha de la fiesta de octubre, hacen todo lo posible por ayudar a los nuevos colegiales, por favorecer su integración, por ayudarlos a situarse en su nueva realidad, como colegiales, como universitarios, como habitantes de una nueva ciudad.

Todo eso es verdad y la experiencia de los años que llevo en la dirección del Jaime del Amo me lo confirma. Hay colegiales que verdaderamente se preocupan por los recién llegados. Dicen que participan en novatadas pero sus novatadas consisten en animarlos a salir y conocer a las chicas de los colegios femeninos del entorno. Es tradicional el encuentro con las chicas del Roncalli en los jardines del Retiro madrileño. O en guiarles por las calles de Madrid, descubriendo lugares ignotos e inexplorados para ellos pero que en los siguientes años serán su ciudad. O en transmitirles cierto orgullo de pertenencia a un colectivo que tiene ya más de cuarenta años de historia y que ha ido transmitiendo –se supone– un cierto estilo, un cierto modo de ser, etc.

Todo eso es verdad. Todo eso está bien. Pero, como el mismo colegial que escribía el artículo reconocía en él, no todo es tan claro. Si todas las novatadas fuesen así, es casi seguro que la dirección de ningún colegio mayor se habría opuesto a ellas ni hubiese previsto en su reglamento castigos extremos para los que las hacen. No sólo eso. Se hubiese animado a participar en ellas.

La realidad es que esas novatadas se producen, suceden, acontecen, en un contexto donde hay otras muchas novatadas de otros estilos muy diferentes. Podíamos decir que bienvenidas sean las buenas y malditas las malas. Pero el problema está en que el nuevo colegial prácticamente no puede elegir. Está en una situación de indefensión total, sobre todo los primeros días en que no conoce a nadie, y para él todos los autodenominados “veteranos” son iguales. A todos debe obediencia. Está en sus manos. A todos se ve obligado a tratar de “usted” –el gran pórtico que abre la puerta a todo tipo de abusos al marcar la relación de superior a inferior–.

La realidad es que hay un grupo de colegiales que logran con sus acciones manchar a los demás. Porque tratan mal a los nuevos colegiales, abusan de ellos, amenazan, provocan. Y luego, cuando vienen mal dadas, cuando pasa algo, esconden la mano y ponen cara de inocentes. Y eso es una mancha tan grande que, desgraciadamente, tapa y oculta bajo un manto oscuro todo lo que de bueno pueda haber en ese tiempo maldito que, eufemísticamente, los malos colegiales suelen llamar “de integración”.

Volver a arriba