Decía un director de otro Colegio Mayor que las novatadas terminan para los colegiales con la fiesta de octubre, pero que para los directores es entonces cuando empiezan y sólo terminan definitivamente en julio cuando llega el momento de las renovaciones. Es así porque no podía ser de otra manera.
Las novatadas están cubiertas por un manto de silencio. La conspiración para que nada salga a la luz es el pacto mejor guardado. Incluso años después, cuando el antiguo colegial es ya padre de familia, no querrá hablar mucho del asunto. Una sonrisa, una contestación esquiva, servirán para decir que se lo pasó bien y que no hay que darles tanta importancia. Cierto es que todos, con el paso del tiempo, filtramos los recuerdos y dejamos que las malas experiencias caigan al fondo del tarro donde ponemos las cosas que no queremos recordar. Pero así no hacemos más que mantener una situación de injusticia. El mecanismo es el mismo pasado el primer año que pasados veinte años: yo lo pasé mal y sobreviví, estos que siguen pueden pasar por la misma experiencia, que no les hará daño.
Pero alguna vez, un poco, se quiebra esa conspiración, ese compromiso para que nada se sepa, para que todo quede entre “nosotros” y los que estamos en la dirección llegamos a saber algo. Sucedió esto y lo otro. Aquel fue humillado de aquella forma. Y el promotor fue “menganito”. Lo normal es que el tal “menganito” ya esté en la lista de los posibles a no-renovar –el que hace un cesto hace ciento–. Pero también, de vez en cuando, salta la sorpresa y aparece el nombre de uno de los considerados “buenos”. Es que hay mucha vida oculta.
Y la Dirección no puede quedarse de manos cruzadas. Evidentemente, nunca podrá usar esa información de modo abierto. No se puede condenar al colegial que ha hablado a la muerte social. Viene a ser como el testigo protegido de las películas americanas. Si los demás supiesen que ha sido un “chivato”... lo más probable es que se tuviese que ir del Colegio. Así que la Dirección tiene que andar con pies de plomo y buscar otras razones para hacer que el indeseable que humilló a sus compañeros (habría que dejar de decir “novatear” y comenzar a llamar a las cosas por su nombre) abandone el Colegio y no por la puerta delantera precisamente. Aunque en ningún caso se le pueda decir la verdadera razón.
Así que la Dirección está en “su” tiempo de novatadas. Hablando con unos y con otros. Escuchando mucho y tratando de valorar lo que hay de verdad y de mentira en los relatos de los colegiales. Lo que se dice entre líneas y lo que no se dice pero se insinúa. En su momento se tomarán las decisiones. Para que la injusticia no triunfe. Para defender a los más pequeños y débiles, que es lo que siempre tiene que hacer la autoridad.