Un día cualquiera poco antes de las vacaciones de Semana Santa. En torno a la mesa están sentados 5 directores de Colegios Mayores de Madrid. El tema es, una vez más, las novatadas. Todos compartimos la sensación de que el problema se está agravando, de que cada vez son más los abusos. Todos pensamos que sólo conocemos probablemente la punta del iceberg, una parte muy pequeña de una realidad más grande. Todos somos conscientes de que las novatadas son, desgraciadamente, la puerta de entrada para los nuevos colegiales al Colegio Mayor. Su paso por esa etapa marcará, probablemente para mal, su vida en el Colegio.
Todos nos damos cuenta de que muchos colegiales sufren el peligroso síndrome de Estocolmo que les hace valorar esa etapa como prácticamente el “mejor” momento de su vida y a sus abusadores como amigos, aunque en realidad, cuando se habla con ellos y son capaces de decir la verdad, todos reconocen haberlo pasado mal y haberse sentido humillados. Sabemos que el lenguaje está pervertido para justificar una realidad de abuso –se habla de novatadas inocentes, por ejemplo, cuando todas parten de una situación de abuso y dominio–. De estas y muchas otras cosas hablamos en esa reunión.
Lo mejor fue el nivel de acuerdo y de preocupación ante un problema que no va a menos sino a más y ante el que no podemos mirar a otro lado como si nada sucediese. Hay jóvenes que sufren, hay jóvenes que abusan unos de otros. Los humillados y abusados se convierten al año siguiente en abusadores. Eso no es normal. Lo más gracioso es que si a cualquier director se le ocurriese hacer a un colegial la milésima parte de lo que se hacen unos a otros en novatadas –unas sencillas flexiones o sentadillas, por ejemplo– sería denunciado y en pocos días debería abandonar su cargo. Con toda seguridad.
Estamos convencidos de que no podemos pensar que es normal lo que a todas luces es intolerable. Creemos que tenemos que hacer algo. Somos conscientes de que el objetivo final, la erradicación de las novatadas, no es fácil de alcanzar. Tampoco es tarea que se pueda llevar adelante de forma independiente por un sólo director o Colegio. Menos en la situación geográfica de la mayoría de los Colegios Mayores de Madrid, todos juntos en un sólo barrio.
Por eso estamos trabajando juntos. Para unificar criterios. Para proponer medidas. Para dar pasos sin prisa pero sin pausa. La sociedad (políticos, fuerzas de orden público, sociedad en general) ha de tomar conciencia de la gravedad de un problema al que no se le ha dado la importancia adecuada –hasta el punto de que acrtualmente merezca una sanción mayor el maltrato a un animal en la vía pública que las sevicias practicadas en las novatadas igualmente en lugares públicos–. Nosotros sí somos conscientes de la trascendencia del asunto. Y vamos a obrar en consecuencia.