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Las luces de la Biblioteca

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El que escribe estás líneas gusta de levantarse temprano. Y esta mañana, cuando entraba en el Colegio, un poco antes de las siete para ir al despacho y escribir estas líneas, vi que las luces de la biblioteca estaban encendidas. Así que lo primero que le dije al conserje, después de los buenos días, fue que había que apagarlas. “Nada de eso, me respondió, hay tres colegiales estudiando que han pasado allí toda la noche.”

La cosa tiene su busilis (¿no será una buena oportunidad para mirar un diccionario?). Por una parte, habla del esfuerzo y tesón que algunos están poniendo en el estudio. Eso es de alabar. Espero y deseo que, cuando llegue febrero la cosecha de calabazas no sea la habitual a que estamos acostumbrados entre los colegiales de primer año. Pero mucho me temo que la experiencia se volverá a repetir, como se ha venido repitiendo año tras año, éste agravada por la sencilla razón de que hay más colegiales de primero que nunca en la historia de este Mayor.

Algunos ya se jugaron el curso en septiembre, cuando descubrían asombrados lo bien que se lo podían pasar en el pinar perdiendo el tiempo con algunos amigotes, que es de esperar pronto descubran que tienen poco que ver con los verdaderos amigos. Otros han seguido estudiando al ritmo que lo hacían en Bachillerato. Incluso lo han incrementado un poco. Descubrirán que eso no es suficiente en la Universidad. Lo malo es que lo descubrirán tarde.

Por eso, me alegra ver que hay algunos, por pocos que sean, que están poniendo toda la carne en el asador y que no dudan en quedarse toda la noche estudiando en la biblioteca del Colegio. ¡Enhorabuena!

Claro que a veces no basta correr mucho para ganar la carrera. Hay que correr por la pista que lleva a la meta. Me explico. Cualquier método de estudio racional y que lleve a aprovechar el tiempo con la mayor eficacia y productividad posible desaconseja esas largas sesiones de estudio que rompen los ritmos naturales de vigilia y sueño. Lo de quedarse toda la noche puede servir para calmar la ansiedad psicológica (“Tengo que estudiar muchas horas”) pero no da resultados prácticos.

La verdad es que después de dos horas de trabajo, se deberían tener 10 minutos de descanso. La verdad es que 9 horas de estudio al día –y durante el día, claro– son más que suficientes. Las horas que se estudien por encima tendrán un rendimiento muy inferior. Lo mejor es descansar, dormir, las horas necesarias y levantarse al día siguiente dispuesto a trabajar –el estudio es un trabajo– de nuevo de una forma eficaz y productiva. Lo dice la experiencia. Y algún antiguo colegial que lo aprendió a golpe de suspenso y de quedarse en blanco en algún examen.

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