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Los regalos de Reyes

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De Nochebuena a Nochevieja, unos pocos días más y estamos en Reyes y en un abrir y cerrar de ojos, llega el día de volver al Colegio, los compañeros, los exámenes, el trabajo. Las vacaciones están a punto de terminar. Y como siempre son mejores los comienzos que los finales y lo mejor de las fiestas son las vísperas, pues no queda más que atarse los machos y sentarse a la mesa a estudiar. Los profesores aguardan a la vuelta de unos días a la mayoría de los colegiales para evaluar su trabajo durante el primer trimestre del curso.

Todavía queda, a mitad de esta semana, la fiesta de Reyes. Pero los colegiales ya son mayores y saben que los Reyes son los padres. En ese punto han perdido toda su inocencia. Ni siquiera les queda aquella del tiempo en que, aún sabiendo que los Reyes son los padres, hacían como que no lo sabían y mantenían así la ilusión. Ahora ya no son niños. La verdad es que tampoco son mayores del todo. Están en ese periodo intermedio en el que sienten nostalgia del pasado que ya no será más como fue pero todavía están un poco perplejos ante un futuro que se ve como un terreno desconocido e inexplorado.

Los años de universidad son tiempo de ir madurando poco a poco. Hay que ir aprendiendo, a veces duramente, que la libertad recién conquistada se conjuga con responsabilidad. Y que ser responsable es a veces duro, muy duro. Ahí es cuando se siente la nostalgia del tiempo en que se podía decir simplemente un “no me di cuenta” o “lo siento” para que todo volviera a ser como antes. Ha pasado el tiempo en que lo peor era ver la cara de papá o mamá, enfadados. Ahora ser responsable significa que, aunque me disculpen o perdonen, sigo siendo responsable de mis actos y tengo que cargar con las consecuencias. Para bien o para mal. Eso es crecer. Eso no es fácil de aprender. De hecho, algunos no lo aprenden nunca. Pero es lo que marcará la diferencia entre un hombre y un alfeñique.

El mejor regalo que podemos recibir esta noche de Reyes es la conciencia de que ya no somos niños, de que hemos crecido y ahora tenemos el regalo de la libertad en nuestras manos. Ahora nos toca a nosotros tomar las riendas de nuestra vida y decidir a dónde y por dónde queremos ir. Y poner los medios. Y asumir las consecuencias.

Esto de la libertad se parece a aquellos mecanos que otros recibimos como regalo de Reyes en nuestra infancia. Eran juguetes que había que trabajar mucho para conseguir el resultado final. Con la libertad pasa lo mismo, es un regalo que hay que trabajar mucho, y con mucha constancia, para sacarle todo el jugo. Sólo al final se termina viendo que es el mejor regalo que recibiremos en toda nuestra vida.

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