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Solicitudes y asistencia a misa

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Ya nos quedan lejos los días de las entrevistas de solicitud. De entre las preguntas que les hicimos a casi todos los solicitantes, había una que no tenía mucha trascendencia a la hora de obtener plaza o quedar fuera. Casi nos la planteamos más a efectos puramente estadísticos. Les preguntamos a todos por su religión y por su nivel de práctica. Me atrevo a decir de memoria que más del 90% respondieron que eran creyentes y católicos y que en torno al 70% dijeron tener una práctica religiosa que implicaba, al menos, ir los domingos a misa.

No ha sido nunca condición para entrar en este Colegio el ser católico y practicante. Lo que sí ha sido condición, y lo seguirá siendo, es que los colegiales sean respetuosos con las creencias de los demás y estén abiertos al diálogo, a dar razón de sus posiciones también en esas cuestiones más allá de cualquier tipo de fanatismo. Este es un centro universitario y la universidad es lugar de encuentro y diálogo.

No he ido a mirar las fichas de los que, al final, han ingresado en el Colegio. Supongo que las proporciones indicadas más arriba se mantienen. Por eso me sorprende la muy baja asistencia a la misa de los domingos por parte de los colegiales. Si aquellos porcentajes fuesen verdad, deberían asistir al menos 60 chicos a la misa dominical. ¡La capilla se nos quedaría pequeña! Pero no es así y la participación es mucho menor.

¿Por qué? Hay dos razones fundamentales y las dos tienen que ver con el crecimiento y maduración de los colegiales como personas libres y responsables. La primera tiene que ver con la presión del grupo, de los amigos. No está de moda ir a misa. Hay que ir con los amigos. Entre la llamada del amigo (sobre todo para los de primero y estos primeros días) y la eucaristía, no hay duda. Los amigos predominan. La necesidad de socializar de los chicos supera su capacidad de actuar según sus propios principios (esto se ve en este y en otros asuntos). Habrá que esperar un tiempo a que la persona madure.

La segunda razón se debe a la situación de caos personal que supone la llegada al Colegio Mayor, a la Universidad. El colegial ha dejado todo atrás: familia, ciudad, amigos, colegio o instituto de siempre. Toda una forma de entender la vida ha pasado. Ahora hay que reconstruirlo todo: las relaciones personales, la relación con la familia, los amigos, el estudio, la ciudad. También queda tocada la relación con Dios. También ésa hay que reconstruirla sin dejarse llevar por modas ni por la presión del grupo y de lo que está de moda. No es un trabajo sencillo.

No quiero ni pensar en una tercera razón: la posibilidad de que la respuesta a la pregunta esté sujeta al deseo de agradar, de dar una buena impresión en la entrevista ya que éste es un colegio de “curas”. No quiero ni pensar que la hipocresía funcione así entre los jóvenes. Así que me atengo a las dos primeras razones y quiero pensar que los chicos en el Colegio puedan encontrar el ambiente para madurar como personas y profundizar y madurar en su relación con Dios y con la Iglesia. Y descubrir que a misa, además de acompañar a los padres o a la abuela, se puede acompañar al amigo con el que se comparte la misma fe.

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