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Un domingo gris de exámenes

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Claro que los domingos no hay exámenes. Por lo menos, no es el día que los colegiales se tienen que enfrentar al papel en blanco o al tribunal para exponer sus conocimientos y lo mucho que saben del tema. Pero sí es verdad que estamos en tiempo de exámenes y toca trabajar. Los domingos de enero no saben como los de vacaciones. Hasta los de mayo, aunque también estén encima los exámenes, tienen otro tono. Y no vamos a decir nada de los de comienzo de curso, cuando los temidos exámenes están lejos y los domingos se presentan como un largo tiempo de holganza y ocio.

En enero el tiempo no acompaña. Estos días hace en Madrid un frío tremendo y los apuntes esperan encima de la mesa. No dicen nada pero su presencia es clamorosa. Dicen algo así como “te estás jugando el verano, chaval y la paz familiar y la renovación en el Colegio y el futuro.” Lo malo es que es verdad. El colegial tiene ante sí la posibilidad de escuchar esa voz silenciosa y dedicarse a estudiar o hacerse el sordo, ponerse los cascos y –ahí está la paradoja– escuchar música. O bajar a echarse una partidista al billar. O terminar un rato en la televisión donde siempre habrá algún compañero –quizá con el mismo problema de sordera puntual–y algún partido de fútbol que ver. O simplemente entregarse a algún juego en el ordenador. Todo es posible.

Cuando vienen con sus hijos en el momento de la solicitud muchos padres dicen que buscan un Colegio Mayor para su hijo porque quieren que haya ambiente de estudio. Les suelo responder que entonces deben buscar en otra parte porque, les digo, “un Colegio Mayor es un centro de tentaciones”. En efecto, siempre hay algo que hacer, siempre hay algún compañero con el que pasar el tiempo. Siempre se pueden dejar los apuntes para un poco más tarde. De hecho, algunos lo han ido dejando para tan tarde que ahora es cuando están empezando a vérselas con ellos.

Ahora es el tiempo de demostrar lo que en otros momentos del año son meras palabras. Que uno es responsable. Que sabe organizarse el tiempo. Que ya no me hace falta que me vigilen ni controlen. Ahora llegan los exámenes y, por mucho que no gusten, no dejan de ser una prueba bastante objetiva para valorar el trabajo del colegial. Como decía un compañero mío, los nervios de los estudiantes en los exámenes son inversamente proporcionales al tiempo dedicado al estudio. Mucho estudio, pocos nervios. Poco estudio, muchos nervios. Por mi parte a todos les deseo que haya pocos nervios. Y que aprovechen al máximo estos domingos grises y fríos de exámenes. Porque se juegan mucho.

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